Muerte súbita

Todo iba muy rápido: las luces, los brazos que me atendían, el tiempo, mi respiración… De repente, todo fue lento: las luces, aquellos que lamentaban mi ida, el tiempo, mi respiración…

Cerré los ojos y me dormí profundamente, para siempre, mientras las batas blancas de mi alrededor se desabrochaban los botones para dar por terminado su turno de tarde. Para ellos, todo seguía. Pude escuchar una voz distorsionada: “¡Cambiad las sábanas! Necesitamos la cama.”

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