Mi mejor yo

Sonreír en las fotos es tan natural como el uso del Photoshop (poco), o ¿es que estamos continuamente sonriendo con tan buena suerte que la cámara siempre nos captura alegres? Como quien difumina sus imperfecciones de la piel, o contrae el abdomen para que no se vean los turrones de Navidad, sonreímos. Porque queremos ver nuestro mejor “yo” cuando con el tiempo echemos la vista atrás y revisemos los álbumes (o discos duros). Pero quizá estamos confundiendo eso de “el mejor yo” y engañándonos a nosotros mismos. Las imágenes son recuerdos, y deberían reflejar fielmente la realidad. ¿Por qué tengo que sonreír si lo que ahora mismo me apetece es llorar? Y es por eso que mucha gente tiene fotografías hechas en estaciones de tren con la cara como dibujada de felicidad, cuando en su interior lo que afloran son las lágrimas por el dolor que sienten al despedirse de alguien.

Os invito a no preparar las fotos, a no sonreír si no os apetece, a fruncir el ceño porque algo no os gusta. Y si salís sonriendo, al menos que sea porque lo que sentís es tan bueno, que merece la pena ser recordado así.

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